Cuatro lecciones que aprendí cuando me despidieron y que me han llevado a crear mi propia empresa

He estado mucho tiempo buscando las palabras y la forma de escribir esto para sacarlo fuera de mí y ordenar la montaña rusa de emociones que han sido los últimos meses.

La posibilidad de que te despidan está ahí siempre; aun así, suele suponer un choque para el que no estás preparado. En mi caso fue un auténtico golpe emocional. Doloroso pero –como ocurre tantas veces en la vida– necesario para cambiar perspectivas y actitudes.

Yo he aprendido lo que sigue, y lo comparto, primero, por si a alguien le sirve mi experiencia para salir de ese agujero de desorientación que es verte en el paro por primera vez en tu vida; y segundo, para explicar la aventura empresarial en la que me he embarcado.

niña con globo Banski dejando ir escapa adios

Cuatro lecciones tras el despido

1. Nadie ni nada es imprescindible

“Nadie es imprescindible”. Llevaba años escuchándole la frase a un compañero, y cuando ves determinadas salidas en una empresa, lo entiendes.

Hay gente muy valiosa y personas que hacen tareas que, a priori, parece que nadie puede igualar. Sin embargo, también esas personas son despedidas, y la vida sigue, no solo para ellas, sino para las organizaciones.

A veces no aparece un relevo para un determinado trabajador o para un puesto, y entonces podemos decir que alguien es insustituible; pero no imprescindible. Si alguna vez has sentido o te han dicho que lo eres, olvídate; cuando tengan que prescindir de ti, lo harán.

De igual manera, tampoco un puesto de trabajo es “imprescindible”. Sin duda, hay que ganar dinero, está claro… Y puede que estés muy cómodo en tu empresa, en tu rol, que haya buen ambiente y buenas condiciones, que estés aprendiendo continuamente y puedas tener un buen desarrollo profesional…

Aun así, si te despiden, piensa que “algo mejor está por llegar”. No por tópico es menos cierto.

2. Una respuesta ayuda a superarlo.

¿Qué motiva a una empresa a despedir a un trabajador? Muchas veces los despidos son la manera de cuadrar las cuentas. Cuando eso ocurre, te sientes reducido a una cifra, y eso no sienta bien, pero al menos sabes no es algo contra ti, algo personal.

Otras veces, un empleado no puede con su carga de trabajo, porque esta se incrementa o porque él (opinión completamente impopular) se vuelve ineficaz. El resultado es el mismo: esa persona no resuelve y la empresa decide que tiene que irse, a veces sin dar oportunidad para hablar de ello y corregir conductas, o ver alternativas de recolocación. Esos motivos cargan de cierta responsabilidad al trabajador por su despido, y, por lo general, uno bastante tiene con quedarse en el paro como para, encima, sentirse culpable; sin embargo, quizá es momento de hacer algo de autocrítica.

Hay otros motivos, y creo que muchas veces un despido se debe a varios factores a la vez. En todo caso, considero que la etapa del duelo se supera mejor cuando tienes una respuesta clara y transparente. Intenta que te la den.

3. Ha ocurrido: asúmelo.

Sea cual sea el motivo, lo tengas claro o no, te parezca bien o mal… ha ocurrido. Asúmelo, pasa página y sigue adelante.

Esta lección, en realidad, ya la tenía clara (filosofía estoica: libérate de las pasiones que perturban tu vida; no hay que temer al destino, sino aceptarlo), pero el despido vino a confirmármelo: no lo elegí yo (aunque quizá sí hubiera responsabilidad por mi parte), pasó, y no me sirve de nada darle vueltas día y noche. Sigo adelante.

4. Intenta no dudar de ti mismo.

Lo del estoicismo está muy bien y realmente creo en ello… solo que hay muchos momentos de debilidad.

Cuando te despiden te sientes rechazado, expulsado, desechado. Es necesario y viene bien, por ejemplo, que personas que te conocen te digan que “no fue culpa tuya”. Quizá sí lo fue un poco, pero está bien escuchar que no.

También puedes recordar algunas de las cosas que hayas hecho bien, que seguro que hay muchas. Proyectos e iniciativas que salieron adelante gracias a ti y cómo eso te hizo sentir.

En cualquier caso, se trata de no hundirse y, principalmente, no creer que vas a ser rechazado siempre y en todas partes. Quizá no encajabas en esa empresa, con ese jefe, o no era el momento. Te han despedido, pero no es el fin del mundo; solo es el final de un capítulo, y cualquier final de una cosa es el principio de otra.

Esta es la lección que más me ha costado asumir.

Tres razones que me llevan a crear mi propia empresa

Lo que más ha martilleado mi cabeza los últimos meses ha sido decidir cuánto compromiso debía poner en mi próximo trabajo. ¿Cómo volver a darlo todo (o lo que yo creo que es todo) pero estar continuamente temiendo que no sea suficiente para mi contratador? ¿Cómo tomarme el trabajo como una actividad de “ir, cumplir y ya”, sin emociones de ningún tipo, cuando esa no es la actitud que a mí me sale de dentro?

Responder a esa cuestión y a algunas otras es lo que me llevado a tomar la decisión de emplearme por cuenta propia:

1. Mi compromiso es conmigo misma.

Ni miedos, ni culpas, ni falsedades. Mi compromiso es con aquello que yo entiendo que está bien y que me hace sentir bien. Punto.

2. Quiero poner a prueba mis límites.

En una empresa a veces tienes que limitarte a tu rol o quedarte con la etiqueta que otros te han puesto; eso está bien si no necesitas más, pero si aspiras a mejorar, puede ser frustrante. En mi propio negocio, el éxito va a depender enormemente de mi esfuerzo, intuiciones y capacidades.

Para bien o para mal, llega la hora de comprobar qué soy.

3. Señales. Es el momento.

Llega una pandemia, el mundo se da la vuelta, muchas actividades se paralizan, muchas empresas entran en pérdidas… Parece el peor momento del mundo para que alguien con 40 años de edad y que ha pasado 17 años en la misma empresa (que no en el mismo trabajo) decida establecerse por su cuenta y ofrecer servicios de comunicación y marketing sin una cartera de clientes cerrada de antemano, sin nómina fija ni estabilidad laboral.

Pero ahí estamos. Hay muchas señales a favor. Las más importantes:

  • escasean las ofertas en mi sector para trabajos por cuenta ajena que sean estables;
  • muchas empresas y marcas han visto precisamente en la pandemia la necesidad de ponerse al día o dar un salto en lo digital; y
  • he encontrado un compañero de camino admirable, con una visión clara, con la autoconfianza, la ambición, la fortaleza y el empuje óptimos para tirar de mí y de todo esto, y yo de él, y cuando consigues rodearte de la gente precisa, no la puedes dejar escapar.

Nace ARAS Comunicación · Marketing · Publicidad

Javier y yo fundamos la agencia ARAS con la vocación de acompañar a empresas, instituciones y entidades de todo tipo para conseguir objetivos de posicionamiento de marca, monetización y rentabilidad. Prestamos una atención especial a organizaciones de Iglesia, porque es el sector al que nos hemos dedicado en las últimas décadas, lo conocemos bien y observamos una necesidad creciente de profesionalizar estos servicios.

Creemos que podemos poner nuestros conocimientos a disposición de aquel que necesite soluciones basadas en la experiencia y los datos. Nos avalan años de trayectoria en el ámbito de la comunicación, la publicidad y el marketing, especialmente el marketing digital, y lo más importante, los resultados que hemos obtenido durante estos años en diferentes proyectos. Y esperamos alcanzar una plena satisfacción a medida que vayamos cumpliendo retos.

El primero ha sido darle forma a una idea con la que fantaseamos desde hace años. Ya tenemos algunos clientes, los primeros de muchos (eso deseamos), que gestionamos desde nuestra pequeña oficina.

Miramos con mucha ilusión al ruliño que protagoniza nuestro logo, ese pajarito con forma de corazón que toca el sol, o que da en la diana, o que centra la mirada en un objetivo. Así estamos nosotros, así estoy yo tras mi particular camino por el desierto: rozando la Pascua sanadora.

Agencia ARAS Comunicación Marketing Publicidad

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