Seis reflexiones sobre cómo crear una comunidad online para la evangelización 2.0

Hace casi un mes, la plataforma iMisión (red de referencia en España para la evangelización en redes sociales) organizó su segundo encuentro nacional, bajo el formato de una iParty, esto es, una jornada en la que miembros y simpatizantes de esta iniciativa eclesial se juntaron para compartir experiencias en Internet.

Vida Nueva fue invitada a participar, y además de asistir a la iParty en dos de sus sedes (Madrid y Málaga), impartimos un taller sobre cómo crear una comunidad virtual. En mi caso, el resultado final fue el conjunto de diapositivas que comparto en este post.

Llevo cuatro años gestionado y manteniendo la web de VidaNueva.es y llevando los perfiles de la revista en Facebook y en Twitter. Esa experiencia más la formación (reglada y autodidacta) que he realizado, agitando todo bien durante unas cuantas noches y salpimentando con un poco de desvergüenza, me llevaron a enunciar seis reflexiones (por dejarlo en un número bajito y redondo) sobre qué criterios cabe tener en cuenta a la hora de crear una comunidad online que sea eficaz para un objetivo de evangelizar en los tiempos del 2.0 (la participación, el feedback, sumar para crear conocimiento de forma conjunta…).

De todas las circunstancias que condicionan cualquier tipo de comunidad online, me quedo con tres imprescindibles:

  • 1) los miembros y el denominador común de los intereses de las personas que forman parte de la comunidad;
  • 2) el contenido que va a ser el eje de las comunicaciones y la forma de gestionarlo;
  • 3) la figura del community manager en tanto que pivote de la comunidad.

Tanto como yo, community manager, reúna y optimice una serie de actitudes y aptitudes para dinamizar mi comunidad, y en la medida en que sepa satisfacer las necesidades funcionales (ej. estar informado), sociales (sentirse uno más en el grupo) y psicológicas (pasar un rato entretenido) de los seguidores, mi comunidad estará más encaminada hacia el éxito; sea lo que sea que se aborde en ella.

Más delicado, por específico, es encontrar la tecla para que una comunidad online (ya sea una cuenta en una red social, un blog, un foro, etc.) sea realmente evangelizadora.

  • 4) Lo primero es tener claro que, independientemente de si soy un medio de comunicación, una ONG vinculada a una congregación religiosa o un grupo de jóvenes de la parroquia, lo que está por encima de todo contenido y van a tener en común tanto 20 como 20.000 seguidores es la Buena Noticia. Si soy capaz de orientar mis comunicaciones de tal modo que no haya duda de que la luz es más fuerte que la oscuridad, que hay más vida que muerte y que el amor mueve el mundo… entonces habré encontrado una clave poderosísima para el engagement (el compromiso, el sentimiento de pertenencia) de los miembros de esa comunidad.
  • 5) De todos los requerimientos que exige a los cristianos el escenario 2.0, me quedo con uno principal, enunciado por Claudio M. Celli, presidente del “ministerio” vaticano para la Comunicación: “Una presencia cristiana en el mundo de las comunicaciones no tendrá la pretensión de que ser los únicos que tengan la razón, sino que será una presencia respetuosa, dialogante, buscando abrir nuevas puertas para la transmisión de la verdad”. Hay que bajarse del púlpito. Esto ya no va de que uno se sube al altar y predica y los demás dicen amén, sino que todos estamos al mismo nivel, la autoridad no la da el cargo que uno tenga offline, sino que hay que ganársela, y hay que escuchar y acompañar, y –refrendo al arzobispo– no hay que ser tan prepotente de pensar que solo yo tengo la razón.
  • 6) Y por último, insisto en las habilidades y disposiciones de todo community manager que se precie: creativo, proactivo, líder, honesto, paciente, resolutivo, profesional, coherente, cercano, tolerante… porque son características a las que debería aspirar cualquiera que se diga cristiano, y en la medida en que sepa mostrarlas en la comunidad online, esta se acercará a su objetivo evangelizador.

El día de la iParty, en cuanto terminé mi exposición me di cuenta de la cantidad de cosas que quedaron sin decir o que pude enfocar de manera más certera. Como primera aproximación al tema puede valer. Por suerte, en esto de la evangelización 2.0 se van multiplicando las experiencias provechosas de las que poder aprender.

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