La comunicación digital, una nueva realidad para la Iglesia

Benedicto XVI envía el primer tuit de su cuenta en Twitter 12 diciembre 2015
Benedicto XVI enviando el primer tuit de un papa

Hace cerca de dos años, me invitaron a participar en una sesión de formación a religiosos agustinos que acaban de asumir la responsabilidad de llevar la comunicación en sus respectivas comunidades. La orden organizó una semana completa de trabajo que incluía charlas y mesas redondas con periodistas y profesionales del sector, y a mí me encargaron una sesión sobre la importancia y la necesidad de que la Iglesia asuma el reto de la comunicación digital.

Con mucho miedo y prudencia, preparé una exposición en la que, al encontrarme en cierta manera entre amigos (gracias por todo, Santi Riesco, algún día nos tomamos un café y te cuento lo mucho que te debo), me sentí muy cómoda. Más allá de los habituales agradecimientos de los asistentes, nunca me acabo de fiar de que realmente lo que yo cuento sea de utilidad para quien me escucha. Ojalá que así fuera siempre, eso es lo fundamental. Pero lo segundo mejor de este tipo de oportunidades es lo que uno aprende mientras prepara el material. “Enseñar es aprender dos veces”.

Así que hoy, también con prudencia pero con menos miedo, publico aquí aquella presentación. Me mueve el hecho de estar ultimando un taller que compartiré el próximo sábado en la iParty de Madrid, de cuyo desarrollo, si no salgo muy mal parada, daré cuenta también aquí.

Id y anunciad

¿Por qué la comunicación digital es un desafío para la Iglesia? Hay que estar en Internet, en las webs, blogs, redes sociales y foros varios, porque la gente está en Internet, cada vez más gente y cada vez con una presencia más profunda, y la Iglesia tiene el mandato de ir por todo el mundo anunciando su mensaje –la Buena Nueva, la verdad de que el bien siempre gana, que a pesar del dolor hay esperanza, que la luz es más fuerte que la oscuridad y que el amor mueve el mundo– “a todas las naciones”, también al continente digital.

El papa emérito Benedicto XVI, que entonces tenía 85 años, pasó a la historia el 12 de diciembre de 2012 al escribir el primer tuit de un pontífice: “Queridos amigos, me uno a vosotros con alegría por medio de Twitter. Gracias por vuestra generosa respuesta. Os bendigo a todos de corazón”.

Que el papa se lanzara a Twitter explicitaba su convicción de que la Iglesia debe estar presente en el mundo digital. Y su sucesor, el papa Francisco, no se ha quedado atrás. De hecho, muchas de sus virtudes comunicativas son puestas como modelo de presencia en el ámbito digital: capacidad para emplear un lenguaje claro, sencillo y esencial; autenticidad, espontaneidad y empatía; voluntad de establecer conexiones, etc.

Esas son, a grandes rasgos, las ideas de aquella presentación. Comparto. 🙂

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